domingo, 21 de septiembre de 2014

DE LOS PAÍSES MÁS BAJOS A LA CIUDAD DE LOS REYES

Holandeses dispuestos a conocer Lima

Semblantes secos   y fríos  como su andar. Con las miradas  perdidas, sin rumbo fijo a dónde dirigirse.  Dando sus primeros pasos  en la Ciudad de los Reyes. Así encontramos a dos turistas, con cámara en mano   y un boletín de guía que sobresalía de su bolsillo.

Milu y Dennis son una pareja de holandeses cuyo español es menos masticado que el chicle en su boca. A pesar de ello,  su hablar es pausado y lento  para entenderlos mejor. Sin familiares a quienes recurrir, buscan una aventura en este lado del mundo.

En sus primeras 24 horas en el país todavía no han tenido la oportunidad  de probar más exquisitez que el ya conocido  arroz con pollo. El encanto por el plato fue tal  que ansían el momento  para degustar la gastronomía peruana.

De armas no solo la plaza sino también  la actitud de los visitantes. La expresión de sus rostros al hablar de las construcciones de Lima reflejaban admiración  pero que no se comparaba a la belleza que hay en Arequipa. Confiesan que su prioridad  es la Ciudad Blanca “por la recomendación de sus amigos”, dejando en segundo plano a Lima. Craso error. La capital  alberga  dos atractivos que la vuelven única en Sudamérica: las catacumbas y el impactante Cerro san Cristóbal.

El tiempo es oro para cualquier mortal y más aún si eres turista. Con una agenda recargada, siguen su camino hacia el jirón de la Unión. Se alejan en el horizonte limeño  y solo se observan dos mochilas llenas. Llenas de ilusiones y optimismo. Emprendiendo así, un rumbo hacia nuevos destinos.



Integrantes:

-Dioses Paul
-Cuchillo Christian
-Ortega Aguirre, Brillit
-Retamozo Aguilar, Eduardo
-Valverde Villavicencio, Arly
-Villanueva Sánchez, Liz

¿Qué precio tiene el cielo?

Más de 600 personas suben diariamente al cerro San Cristóbal

“A cinco soles el tour”. Este es el precio que cobra “El Urbanito” por llegar a la cima del cerro San Cristóbal. Extranjeros y peruanos se reúnen en la Plaza de Armas para abordar el bus y llegar a los 400 msnm del San Cristóbal.

La casa de Santa Rosa de Lima, el Paseo de Aguas y la Alameda de los Descalzos son algunos de los atractivos turísticos que se observa en la trayectoria hacia el cerro San Cristóbal.

Comienza el ascenso. Nos rodean las diferentes casas de colores. Las 14 cruces que se encuentran a lo largo del camino, nos indican que tan cerca o lejos estamos de la cruz de San Cristóbal. Pistas de “doble vía” en las que solo cabe una couster. Múltiples curvas y abismos hacen que el viaje sea lento pero seguro.

Ya en la cima, el San Cristóbal brinda a sus visitantes la posibilidad de contemplar a Lima de una sola mirada. La neblina hacía imposible ver completamente Lima, pero nos conformamos con los distritos más cercanos: San Martin de Porres, S.J.L., Independencia, Los Olivos. Pasamos agradables momentos entre risas y bromas, entonces decidimos congelar esos momentos en varias fotos. El hambre se apoderó de nosotros y cuando decidimos comprar unas galletas, comprendimos que en el cerro San Cristóbal no solo aumenta la altura, sino también el precio. El hambre pudo más y solo cedimos a comprar.

Luego de observar el paisaje limeño, las miradas se van hacia la cruz de 20 metros de alto: el San Cristóbal. Construida en el gobierno de Augusto B. Leguía, esta cruz atrae la mirada de los limeños a las 6 de la tarde. A esta hora, sus 37 focos (no todos) se encienden y convierten a Lima, en un lugar de gran atracción.

Rodeando la cruz encontramos un sinfín de velas de colores. Esta es una tradición que hacen los fieles para pedirle a la cruz de San Cristóbal. “Cada color tiene un significado. Blancas para el matrimonio, negras para quedarse viudo, gris para divorciarse, celeste para la salud y rojo para el amor”, explica Javier, un feligrés que asiste una vez al mes a la cruz para pedir por su salud; y porque no, también, un milagro.          


Disfrutar las brisas que caen en el rostro, pedir a la cruz de San Cristóbal y contemplar el paisaje limeño desde estas alturas, tienen un precio: cinco soles. Precio módico o no, vale la pena gastarlo aunque sea por una vez en la vida.




Integrantes:

-Dioses Paul
-Cuchillo Christian
-Ortega Aguirre, Brillit
-Retamozo Aguilar, Eduardo
-Valverde Villavicencio, Arly
-Villanueva Sánchez, Liz

El misterio que guardan los sótanos de Lima

La alegría y la devoción de los fieles contrastan con el olor fúnebre de aquellas paredes antiguas y carcomidas por la humedad del agreste clima limeño, donde coquetean la vida y la muerte. Aquel umbral que guarda un sinfín de aventuras, penas y glorias de más de 25000 mil miembros de cofradías y hermandades de la iglesia San Francisco. La cual cobró fama mundial con el nombre de “catacumbas”, por la similitud con las criptas halladas en Roma. Es ahora uno de los mejores atractivos turísticos de la capital peruana.

La plazuela San Francisco es el lugar favorito para ver a diario, volar de forma elegante y coordinada, una copiosa cantidad de palomas que adornan y embellecen este lugar. Al lado se encuentra la Basílica y el Convento San Francisco, maravillosa estructura estilo barroco, construido en la época colonial, que abre paso a las majestuosas bóvedas subterráneas, que albergan los restos de  quienes durante el esplendor virreinal fueron ilustres religiosos, grandes damas y personas del pueblo.

Es el primer cementerio de Lima. El cual tiene cúpulas sepulcrales, las que se encuentran bajo las naves laterales de la Iglesia. Fue utilizado hasta mediados del siglo XIX. En su construcción, según investigaciones, fueron empleados ladrillos y calicanto (argamasa de cal, arena y clara de huevos de aves guaneras).

Para ingresar a este lugar es necesario hacer un amplio recorrido en donde nuestra fiel compañera  es la fatiga y el palpitar de un corazón lleno de angustia, deseoso por descubrir el misterio que guardan las catacumbas con personas enterradas. Entre cráneos, fémures y tibias se compone este complejo recinto de más de 500 años de antigüedad. Enterrados uno sobre otros, cual aterradora película sobre muertos y espíritus.

La poca iluminación y las formas geométricas  perfectamente talladas de la catedral Franciscana, cual obra maestra de un ser sobrenatural, nos advertía que el recorrido hacia las catacumbas se tornaría macabro y tenebroso. Una estatua arrodillada ante la virgen es inicio de la temeridad, el nerviosismo y la aventura inolvidable de todos los asistentes entre extranjeros y peruanos.

Bajo la imagen de Luis Castilla, protector de la orden de los franciscanos, se encontraban  enterrados sus restos, casi intactos, junto a su familia. Su cabello aún mantenía firmeza y color a pesar de los años, los dientes de color plomizo  y el esqueleto intacto avizoraban la clemencia del tiempo. El ataúd negro y las flores mortuorias le daban un ambiente tétrico a la habitación.

Las catacumbas, sin duda, un lugar increíble para disfrutar de la historia peruana, acompañadas de un cúmulo de emociones y sensaciones.



Integrantes:

-Dioses Paul
-Cuchillo Christian
-Ortega Aguirre, Brillit
-Retamozo Aguilar, Eduardo
-Valverde Villavicencio, Arly
-Villanueva Sánchez, Liz