Semblantes secos y fríos como su andar. Con las miradas perdidas, sin rumbo fijo a dónde dirigirse. Dando sus primeros pasos en la Ciudad de los Reyes. Así encontramos a dos turistas, con cámara en mano y un boletín de guía que sobresalía de su bolsillo.
Milu y Dennis son una pareja de holandeses cuyo español es menos masticado que el chicle en su boca. A pesar de ello, su hablar es pausado y lento para entenderlos mejor. Sin familiares a quienes recurrir, buscan una aventura en este lado del mundo.
En sus primeras 24 horas en el país todavía no han tenido la oportunidad de probar más exquisitez que el ya conocido arroz con pollo. El encanto por el plato fue tal que ansían el momento para degustar la gastronomía peruana.
De armas no solo la plaza sino también la actitud de los visitantes. La expresión de sus rostros al hablar de las construcciones de Lima reflejaban admiración pero que no se comparaba a la belleza que hay en Arequipa. Confiesan que su prioridad es la Ciudad Blanca “por la recomendación de sus amigos”, dejando en segundo plano a Lima. Craso error. La capital alberga dos atractivos que la vuelven única en Sudamérica: las catacumbas y el impactante Cerro san Cristóbal.
El tiempo es oro para cualquier mortal y más aún si eres turista. Con una agenda recargada, siguen su camino hacia el jirón de la Unión. Se alejan en el horizonte limeño y solo se observan dos mochilas llenas. Llenas de ilusiones y optimismo. Emprendiendo así, un rumbo hacia nuevos destinos.


